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cultura4 de mayo de 2026 · 4:00 a.m.

El INBAL juega al ambiguo con La Pescadora igual que con Colección Gelman

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Expertos cuestionan cómo el Instituto Nacional de Bellas Artes se distancia de la investigadora Laura González Matute después de recomendarla oficialmente para validar si La Pescadora es obra de Siqueiros. El patrón se repite con la Colección Gelman: dicen pero no dicen.

Foto: Proceso

La cosa está rara en el INBAL, wey. Laura González Matute, una historiadora de arte seria que lleva años investigando el siglo XX mexicano, se mandó a Argentina por su propia cuenta para analizar La Pescadora, una pintura que presuntamente es de David Alfaro Siqueiros. Hizo un análisis detallado de la técnica, los materiales, la firma, todo lo que necesita un experto para validar si es auténtica o no. El asunto es que fue el mismo INBAL quien la recomendó como especialista (tienen documento), pero cuando salió publicada su conclusión de que sí es un Siqueiros, el instituto se apantalló y emitió una nota aclarando que todo fue "a título personal". Neta, ¿así funciona eso?

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Miriam Kaiser, una curadora y gestora cultural con un currículum que da miedo (ha dirigido el Museo de Bellas Artes, el de Arte Moderno, y un montón de espacios importantes), se espantó con esta jugada del INBAL. Kaiser también vio La Pescadora en 2014 cuando viajó a Argentina, la analizó largo y tendido, y llegó a la misma conclusión: tiene rasgos de Siqueiros, aunque es una obra atípica que no se parece a lo que todos conocemos del muralista mexicano. Lo que la molesta es la actitud del INBAL: "Sí pueden pero no pueden, sí quieren pero no quieren", dice. El instituto básicamente está jugando al "yo no fui" después de haber metido a González Matute en el asunto.

Pero esto no es un pedo aislado. Kaiser apunta que lo mismo está pasando con la Colección Gelman, esa colección privada que está en el Museo de Arte Moderno hasta 2030 bajo un convenio con Banco Santander. El gobierno dice que es privada y que nadie puede meter las manos, pero Kaiser trae un punto válido: existe la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas de 1972 que protege el patrimonio artístico. El miedo es real: ¿y si en cinco años el Banco Santander no puede mantener la deuda y se queda con las obras? González Matute viajó por su cuenta, hizo el trabajo, pero el INBAL se desentiende. Con Gelman pasa algo parecido: el gobierno dice que por 20 años nadie reclamó nada, pero tampoco se preocuparon en proteger la colección ni aclarar qué dice el testamento de la señora Gelman, quien siempre quiso que las obras se quedaran juntas y en México.

Lo que Kaiser deja claro es que esto no es nuevo ni accidental. Cuando ella dirigía los museos importantes del país, cualquier obra prestada para exposición tenía límite de tiempo: un año, máximo año y medio. Punto. Si alguien pedía más tiempo, era "sorry, no se puede". Ahora el INBAL parece que no tiene reglas claras. ¿Cómo es posible que una institución oficial recomiende a una experta, ella haga el trabajo, y después se desentienda diciendo que fue decisión personal? ¿Esto qué dice de cómo el Estado cuida el patrimonio artístico mexicano cuando está en juego?

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