La inflación baja un poco en abril pero los mexicanos siguen pelando
La inflación en México cayó a 4.45% en abril, pero los precios de alimentos como tomate, chile y papa siguen por las nubes. Las familias mexicanas están recortando su consumo de proteínas y buscando productos más baratos para sobrevivir.
Los números dicen que la inflación mejoró en abril con respecto a marzo, pero si preguntarle a la gente en la calle, eso se ve diferente. La realidad es que mientras los tomates cuesta más del doble de lo que costaban hace un año y ya ronda los 60 pesos el kilo, las familias mexicanas tienen que hacer magia con su dinero. Los combustibles tampoco bajan porque el precio internacional del petróleo no se porta bien, y aunque el gobierno meta subsidios, la gasolina y el gas siguen golpeando el bolsillo.
Lo más preocupante es que los alimentos básicos —los que come la mayoría de los mexicanos— subieron más de lo que bajó el promedio. La canasta básica se fue a 4.63% anual en abril, muy arriba del 3.69% de marzo. Eso es importante porque significa que justamente lo que tú compras para comer está cada vez más caro. El salario mínimo ronda los 473 dólares mensuales, y con eso apenas alcanzas para dos canastas básicas. Las personas de bajos ingresos tienen que elegir entre comer carne o comprar chile, entre pollo o verduras baratas.
Los agricultores locales están metidos en un pedo grave. La inseguridad, la falta de apoyos reales del gobierno al campo y la cuota compensatoria que Estados Unidos puso al tomate mexicano (17% desde julio 2025 porque acusó dumping) han hecho que la producción se contraiga. Eso quiere decir que hay menos tomates en México, importamos más productos de afuera, y naturalmente los precios se disparan. Es un efecto dominó: menos producción local, más importaciones, precios más altos, y los ciudadanos de clase media y baja son quienes la sienten en el cochambre.
El gobierno presume que bajó la inflación con acuerdos con empresarios y subsidios al diésel, pero la gente en los mercados públicos cuenta una historia diferente. Jubiladas que viven con 12 mil pesos mensuales tienen que buscar mercados baratos en el centro para comer algo mediano en calidad. Las familias reemplazan carne por pepinos y zanahorias. El poder de compra real está en el suelo, aunque los gráficos digan otra cosa. ¿Qué de verdad importa más: que un número baje en el papel o que una abuela pueda alimentar a su familia con dignidad?
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