Manolo Jiménez mete a su círculo cercano en las candidaturas del PRI
El gobernador de Coahuila acomodó a amigos y familiares en posiciones clave de la lista de diputados plurinominales del PRI para las elecciones del 7 de junio. Entre los candidatos están su secretaria privada, su primo político y operadores cercanos del mandatario.
Neta, esto es lo que pasa cuando un político tiene total control sobre quién entra a la contienda electoral. Manolo Jiménez, gobernador de Coahuila, armó la lista de candidatos del PRI a diputados locales de una forma que parece sacada del manual viejo de la política mexicana: metió a su gente de confianza en los lugares donde van a ganar. No es casualidad que su secretaria privada, Tatiana Villarreal, esté en segundo lugar de las plurinominales, o que su primo político Gabriel Elizondo Pérez aparezca en la quinta posición. Esto es puro acomodo.
Lo que hace esto más jugoso es que Gabriel Elizondo, ese primo del gobernador, encargado de los programas sociales, gastó más de 14.4 millones de pesos en los últimos cuatro meses del 2025 promocionando su imagen con la campaña "Mejora llegó la hora". Osea, el vato estaba usando dinero público para hacer campaña encubierta antes de que oficialmente arrancara. Su oficina depende directamente del gobernador y no tiene que reportar como gasta la lana de los programas sociales, así que basicicamente podía hacer lo que quisiera sin que nadie lo checara. Eso es bien cañón porque significa que los recursos que debería ir a ayudar a la raza se usaron para posicionar a un candidato del PRI.
En la lista plurinomial también aparecen otros operadores políticos cercanos al gobernador, como Carlos Robles Loustaunau, quien encabeza la lista y fue secretario del Ayuntamiento cuando Jiménez era presidente municipal de Saltillo. Norma Lucille Treviño, expresidenta de Piedras Negras, también está ahí junto a su hijo Franco González Treviño, que fueron los operadores políticos del gobernador en la frontera. O sea, es un puro compadrazgo. El control de Jiménez sobre las candidaturas es tan fuerte que ni siquiera tuvo que dejar mucho al azar: la élite del PRI coahuilense está prácticamente armada ya con gente que le debe favores personales al mandatario.
Ahora bien, esto importa porque refleja un problema más profundo en la democracia mexicana: cuando los gobernadores pueden meter a su círculo cercano a posiciones de poder sin transparencia real, el voto se convierte en un simple trámite. Los coahuilenses van a elegir diputados, pero en realidad ya está decidido quiénes van a estar en la mayoría. Cuatro legisladores que buscan reelección ya pidieron licencia para dedicarse a la campaña, lo que demuestra que el negocio de la política en Coahuila no es servir al pueblo, sino mantener el poder dentro de un mismo grupo. ¿De verdad creemos que la democracia funciona cuando las candidaturas se reparten como si fuera comida en una comida familiar?
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