Medio Oriente en llamas: ¿por qué nadie logra frenar la escalada?
Israel continúa expandiendo su control territorial en Palestina y Líbano mientras organismos internacionales permanecen paralizados. Europa y sectores de Estados Unidos comienzan a presionar con sanciones, pero la pregunta sigue siendo si esto será suficiente.
La situación en Medio Oriente se ha convertido en un polvorín que nadie parece capaz de controlar. Israel ha consolidado su presencia en más de la mitad de Gaza y ocupa aproximadamente el 20% del territorio libanés, especialmente la zona sur que es agrícola y rica en recursos de agua. Lo preocupante no es solo la ocupación territorial, sino que literalmente están usando químicos en los campos para inutilizarlos durante años. Estamos hablando de destrucción sistemática, no de conflicto militar convencional.
Lo que más duele es que esta escalada ocurre mientras la ONU, los países árabes y la Unión Europea supuestamente buscan «paz» con discursos bonitos pero sin acciones reales. El dinero que se invierte en armas en Medio Oriente es astronómico, y la prioridad claramente es la destrucción antes que soluciones políticas. Estados Unidos, mediante su apoyo a Israel, está tomando partido de facto en una guerra que afecta a millones de civiles. El bombardeo de infraestructura civil—escuelas, hospitales, sistemas de agua—viola el derecho internacional, pero eso parece no importarle a quien toma las decisiones militares. Los expertos hablan de un retroceso de 70 años en el desarrollo humano de Líbano solo por los daños causados en los últimos meses.
Para los jóvenes mexicanos esto no es un tema lejano: el conflicto está redefiniendo el poder global y afectando la economía mundial. El bloqueo del estrecho de Ormuz está impactando el precio de combustibles y productos que llegan a México. Además, este es un ejemplo crudo de cómo superpotencias ignoran organismos internacionales cuando les conviene, algo que México observa atentamente en su relación con Estados Unidos. Lo interesante es que incluso en Washington está creciendo la resistencia: 80% de los demócratas ahora ven a Israel negativamente (comparado con menos en años anteriores), y senadores están bloqueando ventas de armas. Incluso republicanos han bajado su apoyo de Israel de 64% a 57% en un año.
Europa también se mueve lentamente pero se mueve. España, Irlanda y Eslovenia propusieron suspender el acuerdo de asociación con Israel, y aunque Alemania aún vacila (por su peso político y la culpa histórica del Holocausto), su canciller ya advirtió contra la anexión de facto de Cisjordania. El centro de análisis J. Street, que tradicionalmente ha sido pro-Israel, ahora pide que se trate a Israel como un «aliado ordinario» en lugar de una excepción diplomática. Incluso asesores cercanos a Biden critican que Netanyahu ha arruinado la relación privilegiada entre Israel y Estados Unidos. Entonces ¿quién frena esto? Al final, como señalan varios analistas, solo quedan los ciudadanos comunes—activistas, votantes, gente en las calles de Nueva York, Madrid, Tel Aviv—que dicen que suficiente es suficiente. ¿Será que la presión desde abajo logre lo que organismos internacionales no pueden hacer desde arriba?
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